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El Estado del Lugar de Trabajo Global 2026: así está cambiando el trabajo dentro de las organizaciones

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ResumenPor AQI de AQ

Hay informes que describen un momento. Y hay informes que describen una transición. El Estado del Lugar de Trabajo Global 2026 es de los segundos: no retrata una foto fija, retrata una organización moviéndose —a veces hacia adelante, a veces hacia atrás— en varias direcciones al mismo tiempo.


Ese título no es casualidad. "Estado del lugar de trabajo" implica algo que cambia de un año a otro, no algo que se mide una sola vez. Y lo que este informe encuentra, cuando se lee de principio a fin, es que el trabajo dentro de las organizaciones está evolucionando en al menos seis frentes simultáneos: cómo se adopta la tecnología, qué rol cumple quien lidera un equipo, cuánto se sostiene el vínculo con el trabajo, cómo se reparte el desgaste emocional, y cómo cambia el optimismo según dónde y cómo se trabaja. Vale la pena recorrer esa transición completa, no solo el dato suelto.


Esto importa especialmente para quien lidera personas hoy, porque cambia la pregunta de fondo. Durante años, "el estado del lugar de trabajo" se resolvía con encuestas de clima y un par de indicadores de rotación. La edición 2026 propone algo distinto: mirar el trabajo como un sistema en movimiento, donde la tecnología, el liderazgo y el vínculo psicológico con el trabajo se empujan entre sí, para bien y para mal. Entender hacia dónde se mueve cada pieza es lo que permite anticipar el siguiente problema, en lugar de solo reaccionar cuando ya está encima.


El Estado del Lugar de Trabajo Global 2026 no está diseñado como un reporte regional. Es un retrato del mundo entero, y su hallazgo central —que la adopción de la IA y la productividad dependen del gerente directo mucho más que del modelo que se compra— aplica en cualquier geografía. Pero cuando se lee con lupa la parte que le toca a América Latina, aparece algo que vale la pena discutir aparte: la región está entrando a esta transición desde un lugar distinto al de Europa, al de Asia del Sur, incluso al de Estados Unidos. La pregunta que este artículo intenta responder es si esa ventaja se sostiene, o si las mismas fuerzas que ya erosionaron el compromiso en otras partes del mundo están por alcanzarla también aquí.


Vale la pena decirlo con todas sus letras porque no es el ángulo que suele tomar la conversación regional sobre el futuro del trabajo. Con frecuencia se habla de América Latina como la región que llega tarde a la adopción tecnológica, o que copia modelos de gestión diseñados en otro lado. Los números de este informe cuentan algo distinto: en dos de las variables que más le importan a cualquier organización —compromiso y bienestar— la región no va atrás. Va, comparativamente, adelante.

infografia del Estado del lugar de trabajo


De la promesa tecnológica a la realidad organizacional

Hace apenas un par de años, la conversación sobre IA en el trabajo era casi enteramente sobre capacidad: qué tan bueno era el modelo, qué tareas podía resolver, qué tan rápido. El informe 2026 marca un punto de inflexión en esa conversación: la tecnología ya no es la pregunta. La adopción, sí.


Una encuesta del NBER a 6,000 ejecutivos globales encontró que el 89% no reporta efectos medibles de la IA en la productividad actual, aunque ese mismo grupo proyecta un 1.4% de mejora en los próximos tres años. Cerca de 40,000 millones de dólares invertidos, y el 95% de las organizaciones sin un impacto que puedan mostrarle a su consejo.


El 89% de los ejecutivos no reporta efectos medibles de la IA en la productividad actual de sus organizaciones.


La evolución aquí no es "la tecnología mejoró". Es que la conversación se movió, de golpe, hacia otro lugar: ya no importa tanto qué modelo se compró, sino qué tan bien la organización supo traducirlo en trabajo real. Ese desplazamiento —de la herramienta a la gestión de la herramienta— es la primera gran transición que documenta el informe.

infografia promesa tecnologica

El gerente dejó de administrar tareas para decidir si la transformación ocurre

Si algo cambió de forma silenciosa en los últimos años es el peso que carga un gerente directo. Antes era, sobre todo, quien coordinaba entregas y evaluaba desempeño. Hoy, según este informe, es el factor que más determina si la IA transforma o no el trabajo de su equipo.


Quienes sienten el apoyo activo de su gerente tienen 8.7 veces más probabilidades de decir que la IA cambió su forma de trabajar, y 7.4 veces más probabilidades de sentir que les da nuevas oportunidades para destacar. Ninguna otra variable del informe se acerca a esos números.


Y hay un dato que respalda por qué esto es tan determinante: las diferencias en las prácticas de gestión explican el 30% de la variación en la productividad total de las organizaciones. Un tercio de la productividad no depende de qué se compra. Depende de cómo se lidera. El informe lo dice de forma directa: la gestión, en sí misma, es una tecnología que hay que desarrollar con la misma disciplina que cualquier otra.


Esta es quizás la evolución más importante de todas: la unidad de análisis para medir el éxito de una transformación digital dejó de ser el departamento de tecnología. Ahora es cada gerente, uno por uno.


Vale la pena notar lo que esto implica para el diseño organizacional. Si la gestión es una tecnología, entonces requiere lo mismo que cualquier otra: presupuesto, entrenamiento continuo y una cadencia de mejora. La mayoría de las organizaciones todavía no la trata así. Sigue tratando al liderazgo de línea como un costo fijo, cuando el informe sugiere que es, más bien, la infraestructura que decide si el resto de las inversiones rinde.

infografia rol del gerente

El compromiso, en caída libre por segundo año consecutivo

Mientras el rol del gerente crecía en importancia, el vínculo psicológico entre las personas y su trabajo se debilitaba. El compromiso global llegó en 2025 a su nivel más bajo desde 2020: apenas 20%. El 64% no está comprometido, y un 16% está activamente desvinculado.


El costo de esa caída se calcula en 10 billones de dólares en productividad perdida, el 9% del PIB mundial. No es un número decorativo: es la magnitud de lo que se pierde cuando el vínculo con el trabajo se erosiona a esta escala.


El bajo compromiso le costó a la economía global 10 billones de dólares: el 9% del PIB mundial.


La geografía de esta caída también cuenta una historia de evolución desigual. Europa quedó en el fondo de la tabla, con 12% de compromiso. Estados Unidos y Canadá se mantienen arriba, con 31%. Y América Latina y el Caribe sostiene un 30%, apenas un punto por debajo, además de liderar el bienestar global con 56% de personas en nivel "próspero". Mientras unas regiones se desconectan del trabajo, otras —entre ellas la nuestra— todavía conservan algo que vale la pena entender antes de perderlo.


La gerencia perdió la ventaja que sostuvo por años

Aquí está, tal vez, el giro más revelador del informe. Durante años, los gerentes fueron sistemáticamente el grupo más comprometido de cualquier organización. Ese margen ya no existe.


Desde 2022, el compromiso gerencial cayó 9 puntos. Solo entre 2024 y 2025 la caída fue de 5 puntos: pasó de 27% a 22%. En el sur de Asia, el aplanamiento organizacional —menos niveles jerárquicos, más personas a cargo por cada gerente— aceleró todavía más ese desgaste.


Las organizaciones que sí lo hacen bien muestran que esto no es inevitable: alcanzan 79% de compromiso gerencial, casi cuatro veces el promedio global. La brecha entre esas dos realidades —22% contra 79%— es probablemente la variable más accionable de todo el informe, porque no depende de factores macroeconómicos. Depende de decisiones que una organización puede tomar esta semana.


Y esta transición conecta directo con la anterior: si el gerente es quien decide si la IA se adopta, y el gerente es también quien más rápido está perdiendo el compromiso, entonces las dos curvas —adopción tecnológica y compromiso gerencial— se están cruzando en direcciones opuestas. Cualquier estrategia de adopción que ignore esa segunda curva está construyendo sobre una base que se está debilitando en tiempo real.


El bienestar se dividió entre lo que se piensa y lo que se siente

El bienestar general mejoró un poco: 34% de las personas se ubica en nivel "próspero". Pero el estrés y las emociones negativas del día a día siguen por encima de los niveles previos a la pandemia. Dos líneas que deberían moverse juntas, evolucionando cada una a su propio ritmo.


Esa división se vuelve todavía más nítida en el liderazgo. Quienes ocupan posiciones de alto nivel evalúan su vida en general de forma más positiva que el resto. Pero viven más emociones negativas en el día a día: +7 puntos de estrés, +12 de ira, +11 de tristeza, +10 de soledad frente a los contribuyentes individuales.


Los líderes reportan +12 puntos en ira y +10 en soledad frente a los contribuyentes individuales, incluso mientras evalúan su vida en general de forma más positiva.


Es una evolución incómoda de nombrar: se puede estar satisfecho con la trayectoria y, al mismo tiempo, pasarla mal casi todos los días. Las encuestas de clima que solo preguntan "¿cómo evalúas tu vida en general?" se están quedando ciegas frente a este desdoblamiento.


Estados Unidos y Canadá encabezan además el ranking regional de estrés diario, con 50%, seguidos por Australia y Nueva Zelanda (49%) y Medio Oriente y Norte de África (48%). Es decir: las mismas regiones que reportan buen desempeño económico y alto compromiso no están exentas del desgaste diario. Ambas cosas conviven, y eso es justamente lo que una lectura superficial del informe podría pasar por alto.


El optimismo laboral se partió en dos según dónde y cómo se trabaja

El 52% de las personas cree que es un buen momento para buscar trabajo. Ese optimismo, sin embargo, ya no evoluciona igual para todos. Entre quienes trabajan de forma presencial, creció 2 puntos. Entre quienes pueden trabajar a distancia, cayó 14 puntos.


La lectura más probable conecta con otro dato del informe: el miedo a que la IA elimine el propio trabajo en los próximos cinco años es del 18% en Estados Unidos, pero sube a 23% en organizaciones que ya adoptaron IA, y llega a 32% en Finanzas y Seguros, 31% en Tecnología. La adopción no calma el miedo. Lo agudiza, justo en los sectores y modalidades de trabajo más expuestos a la automatización del conocimiento.


Dos curvas que antes se movían parecido —el optimismo presencial y el remoto— ahora divergen. Y esa divergencia, más que cualquier otro dato, resume hacia dónde está yendo la percepción del trabajo: cada vez menos uniforme, cada vez más dependiente de qué tan cerca está una tarea de ser automatizada.


El Estado del Lugar de Trabajo Global 2026


Fuente

Gallup. (2026). State of the global workplace 2026: Employee engagement and the AI revolution. Gallup.

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